La letra que dejé a medias
Días de distribución y follow-through day. El sistema de O'Neil para saber si el mercado está de tu lado, explicado paso a paso
Te voy a explicar por qué ni tú, ni yo, ni absolutamente nadie desde su casa tenemos el poder de mover el mercado. Y no lo digo como frase bonita de introducción. Lo digo porque desgraciadamente es una jodida realidad.
Nosotros operamos con poquísimo dinero. Poquísimo en comparación con las gestoras, que operan con miles de millones. Con 10.000€, 30.000€ o 50.000€ no mueves una acción ni un milímetro. Los que de verdad mueven los índices, los que mueven los precios de las acciones que tenéis en cartera, son las grandes gestoras y los grandes fondos. Nosotros vamos detrás como ratillas, intentando ver por dónde pasan a ver si les cae un trozo de queso y nos lo podemos llevar.
Cuando os escribí el artículo sobre CAN SLIM (hace varios meses) os desarrollé 6 letras con sus casos, sus cifras y sus ejemplos, una por una. Y luego llegué a la séptima, la M, la de dirección del mercado general, y le dediqué un párrafo de cortesía antes de despedirme. Cuatro líneas no más.
O’Neil, que se pasó 40 años estudiando esto con bases de datos que nadie más tenía, sostenía que 3 de cada 4 valores terminan yendo donde va el mercado general. Es decir, dediqué 2 mil palabras a explicar cómo elegir la empresa correcta y cuatro líneas a lo único que determina si esa elección va a servir para algo.
Un error garrafal ahora que lo pienso. Hoy lo arreglo, tranquilos.
Porque podéis seleccionar como los ángeles y dar exactamente igual. Si compráis rupturas mientras las gestoras están descargando papel por detrás, os van a saltar los stops uno detrás de otro sin que haya absolutamente nada mal en vuestras empresas. Base perfecta, volumen perfecto, fundamentales creciendo a doble dígito, y fuera en cuatro sesiones. Es la sensación de estrenar el toldo de la terraza el mes que la comunidad de vecinos vota tirar la fachada. El toldo está impecable. El edificio es el problema.
Y esta semana la pregunta está encima de la mesa.
Mirad lo que tenemos por aquí, el Nasdaq lleva 5 de las últimas 6 semanas cerrando por debajo de su media de 50 sesiones, mientras el S&P 500 acaba de recuperar la suya. Dos índices contando historias distintas al mismo tiempo. Los resultados empresariales, mientras tanto, saliendo mejor de lo que esperaba casi todo el mundo, con unas 300 compañías del S&P ya reportadas, un 85% batiendo estimaciones y un crecimiento agregado de beneficios por encima del 47%. Y de fondo el bono a 10 años en el entorno del 4,7%, máximos desde enero del año pasado.
¿Tendencia o presión?
La mayoría de la gente contesta a eso con el estómago. Con lo que ha visto en relees esa mañana, con el color que tenía la pantalla al cierre, con lo bien o mal que le fuera la última operación. Y el estómago tiene un problema de calendario, y es que llega tarde. Para cuando el mercado te parece débil, lleva tres semanas siéndolo y tú llevas tres semanas comprando rupturas que fallan.
Hay otra forma de contestar. Contando. Un número que sacáis vosotros mismos en cinco minutos cada tarde, con el cierre y el volumen delante, que os dice si el dinero institucional está entrando o saliendo y que se traduce directamente en cuánto capital deberíais tener invertido esta semana.
Eso es lo que montamos hoy, de principio a fin.
1. - La huella que dejan los que sí mueven el precio.
Una gestora que maneja miles de millones tiene un problema que vosotros no tenéis: no puede vender cuando le apetece.
Si mañana decide salir de una posición grande y la tira entera al mercado en una sola sesión, se hunde el precio ella misma. Los primeros paquetes los coloca a buen precio, y a partir de ahí está vendiendo cada vez más barato contra su propia orden, comiéndose el hueco que ha abierto. Así que no lo hace. Reparte la salida a lo largo de semanas, en trozos, intentando que no se note demasiado. Igual que no vacías un pantano abriendo la compuerta de golpe.
Pero se nota. Y se nota porque el volumen no se puede esconder.
Ese goteo deja una huella concreta en el gráfico del índice, sesiones en las que el precio baja y encima el volumen se dispara respecto al día anterior. Mucho papel cambiando de manos justo el día que el mercado cae. Eso no lo generamos nosotros con órdenes de 3000 eurillos. Eso es dinero grande saliendo.
A esa sesión O’Neil la llamó día de distribución. Y su gran aportación no fue detectarla, que eso lo intuye cualquiera con un gráfico delante, sino convertirla en un contador. En vez de opinar sobre si el mercado está débil, cuentas cuántas de esas sesiones han ocurrido últimamente. Si se acumulan, hay salida institucional.
Si desaparecen, no la hay.
2. - La definición exacta, y los dos casos que engañan a todo el mundo.
La regla es mecánica y no admite interpretación, que es justo lo que la hace útil.
Un día de distribución es una sesión en la que el índice cierra un 0,2% o más por debajo del cierre del día anterior y además el volumen de esa sesión es superior al de la sesión previa. Las dos condiciones a la vez. Si falta una, no cuenta.
Y ahí es donde falla casi todo el mundo, porque las dos mitades por separado engañan muchísimo.
Imaginad que el Nasdaq se deja un -3% un martes cualquiera. Día feo, todo rojo, gente en X anunciando el fin del mundo. Pero resulta que el volumen de ese martes fue menor que el del lunes. Eso NO es un día de distribución. Es una caída sin convicción, minoristas vendiendo con miedo mientras el dinero grande está mirando desde la barrera. Una caída con volumen bajo no se considera venta institucional, y por eso no entra en la ecuación.
Y al revés, una sesión que cierra un 0,1% abajo con un volumen enorme tampoco cuenta, porque el índice prácticamente no se ha movido. Ese volumen puede ser rotación, puede ser vencimiento de derivados, puede ser cualquier cosa. Sin caída no hay señal.
Volumen sin caída no es nada. Caída sin volumen tampoco. Es la combinación de las dos lo que convierte una sesión normal en una huella.
Lo que viene a partir de aquí es el sistema completo: cómo se cuenta, cuándo caduca cada día, la variante que engaña porque el índice cierra en verde, cuántos días son demasiados, la señal que os dice cuándo volver a entrar y por qué esa señal falla más de lo que parece.
Y al final, la tabla de exposición que traduce el número en un porcentaje concreto de vuestra cartera.



